ArgenXena v.2008 - Homenaje argentino a la Princesa Guerrera - Xena: Warrior Princess


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Las Relaciones Transtextuales

«Allí donde tú sólo ves una gota de agua, el sabio, a través del microscopio, ve un mundo de vivientes que se agitan. Allí donde tú sólo veías una “cosa”, el poeta, el artista, ve los indicios de una realidad superior y más bella.»

Fragmento de Triunfos, de Michel Quoist


El universo hecho palabras

Herodoto. Nápoles, Museo Nacional.

Herodoto. Nápoles, Museo Nacional.

Desde la invención del lenguaje como la forma más completa y compleja de comunicación, el hombre ha sido testigo de un universo hecho palabras. Gracias a la escritura, que se fue construyendo, modificando y amoldando a lo largo de la historia, y sigue aún en evolución, ese universo hecho palabras logró trascender las fronteras del espacio y del tiempo.

Ha sido siempre el lenguaje, manifestado a través de los signos —en un principio sonoros, más tarde gráficos— el que ha contado el mundo a generación tras generación, y pronto habría de edificar mundos nuevos, valiéndose de aquel complejo sistema de símbolos para crear los mitos, las leyendas y los relatos que han ido reflejando y enriqueciendo la historia, no sólo de la literatura universal, sino de toda la Humanidad.

Anacreonte.

Anacreonte.

Así la palabra escrita, portadora de cultura y sabiduría por excelencia, ha sido el principal vehículo de transmisión del conocimiento por siglos, y ha sobrevivido estoica ante la tecnología y el consecuente surgimiento de nuevas y sofisticadas formas de comunicación. Desde los libros sagrados, que no han sido los precursores de la literatura, pero que definen un punto de inflexión en la civilización; los relatos que demarcan una identidad cultural —del Popol Vuh al Martín Fierro, pasando por la Divina Comedia y el Poema del Mío Cid, entre otros— hasta la contemporaneidad, la tradición de la letra impresa ha permanecido inquebrantable y ha propagado la historia del mundo y del hombre deshaciendo barreras temporales y geográficas.

Homero. Nápoles, Museo Nacional.

Homero. Nápoles, Museo Nacional.

Esa tradición tiene en los clásicos griegos a sus máximos referentes, pues son ellos, quizás, el compendio de todos los “mundos posibles”, además de una vasta vidriera que exhibe cada una de las pasiones del ser humano, desde sus vicios hasta sus virtudes, desde sus milagros hasta sus miserias. Incluso podríamos atrevernos a decir que no hay nada en la literatura o el arte occidentales —máxime desde la invención de la imprenta a esta parte— que no haya tenido aunque más no fuere una ínfima mención en los clásicos griegos, ora en forma de tragedia, comedia o poema épico.

Los clásicos griegos son, en sí mismos, un enorme entramado de correspondencias mutuas, de escenarios, personajes y sucesos recurrentes. No es extraño, entonces, que desde su propia concepción sentaran un precedente para las literaturas —y el arte en general— que los sucedería. Con frecuencia escuchamos el adagio de que ya no queda nada más por inventar, y es verdad: de los griegos en adelante, la tradición literaria se ha ido nutriendo, adaptando y transformando interminablemente sobre la base de ese terreno fértil e imperecedero que nuestros hermanos helenos dejaron al descubierto hace casi tres mil años. Terreno que ha subsistido al paso del tiempo y permanece siempre a la espera de un circunstancial labrador, quien desde entonces ha tomado lo necesario de sus raíces para sembrar, cultivar y cosechar de él los frutos que aún hoy siguen describiendo la naturaleza del hombre y forjando su historia.

Hesiodo. Roma, Museo Vaticano.

Hesiodo. Roma, Museo Vaticano.

Lejos de reprobar o desmerecer esta empresa, por el contrario diremos que es lo que nos define de igual manera como espectadores y como protagonistas del mundo: si nada se destruye y todo se transforma, entonces el recurso de la reelaboración —en cualesquiera que fueren las ramas, géneros o lenguajes del arte— es tan noble y valedero como el terreno mismo que nos ha sido legado. Lo que cosechemos y cómo lo hayamos cultivado es en definitiva la mejor herencia que podemos perpetuar y la que habrá de transmitir a nuestros hermanos de las generaciones por venir las bases y las herramientas para penetrar en el meollo de nuestra especie y aprehender nuestra esencia e identidad.

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